miércoles, 27 de julio de 2011

EL DESAYUNO

Entonces ella quiso ver un ojo en el vaso de leche, siguió untando mantequilla en las tostadas, mordía el pan con la normalidad de las mañanas. Encendió el televisor para no escucharse. El ojo, dentro del vaso de leche, le miraba mientras la absurda marea láctea le dejaba un resquicio de iris descubierto. El cuchillo resbaló demasiado y cortó aparatosamente una vena por la que comenzó a manar sangre en breves espasmos sistólicos. El ojo, apoyándose en lo que le quedaba de córnea, dio un breve saltito para liberarse de su láctica piscina y se introdujo como un gusano por el roto venéreo. Ella no podía entender aquella pesadilla. Apenas había bebido una cerveza el día anterior, por qué ese delirio tremendo. Comenzó a sentir el ojo reptando por dentro de sus venas, y su ojo a ver la visión apretada y dolorosa de ese ojo reptante. Sus ojos veían niños de vientres búdicos y cabezas abultadas en forma de alubia desproporcionada. El ojo veía ojos salientes entre la maraña rojiza de la sangre. Ella sintió arcadas. Casi no podía sentir la dulzura del paladar que le había dejado aquel desayuno. De súbito, el ojo se precipitó por una grieta lo que le hizo sentir vértigo. Quizá haya entrado al esófago –se tocaba la zona para palparse el ojo- quizá haya entrado en los intestinos. Ella se iba sintiendo abrumadoramente desconcertada. No era capaz de ver por sus ojos y aquel ojo parecía que se había instalado allí, para quedarse, caprichosamente, durante el desayuno.

viernes, 22 de julio de 2011

LA DOROTEA

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

No sé qué tiene el aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo,
no puedo venir más lejos.

Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.

Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.

De cuantas cosas me cansan,
fácilmente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.

Él dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento;
que humildad y necedad
no caben en un sujeto.

La diferencia conozco,
porque en él y en mí contemplo
su locura en su arrogancia,
mi humildad en mi desprecio.

Con esta envidia que digo,
y lo que paso en silencio,
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.

(fragmento de “La Dorotea”. Lope de Vega)


Me dice ella –tapándome sutil, pero rápidamente la boca- que no diga eso que me estoy, que me voy a hacer daño aquí –y toca con su dedo mis sienes, muy a lo madre, muy a lo cariño. Pero –y es a lo que iba entonces- uno necesita cosas para sentirse algo, para qué decir alguien. Uno necesita del jirón, como otros necesitan de la angustia, como los hay –vidit -que necesitan del dobladillo rosa made in cien euros. Cada uno es su propio don quijote, por qué empeñarse en ser el cura, el barbero y hasta la mujer de Sancho si tenemos la armadura del litio navegando por las venas. Rocinante es la famélica neurona. Nuestras vidas un horario mal pagado como un pollino glotón que sanchifica nuestras quijotadas. Hay que enriquecer la hora del bocadillo, llenar de contenido el humo del cigarro –en todos los trabajos se fuma- comernos el chuletón del descanso. Asesinar las mañanas cerrando las ventanas, cerrar los ojos al espejo, vestirse a tientas, mirar a ciegas, hablar por dentro, ja. Mediceellaque, lo de su mano ya lo escribí. Escribí lo de sus manos. Por eso lo de humillarme a su dictado, al hilo conductor de sus pestañosos dedos. Al más allá de mi aquí -aún se ruboriza al verme- mi yelmo de mambrino.

miércoles, 20 de julio de 2011

EL ODIO

“Es preciso matar para seguir viviendo”.
Miguel Hernández.

El odio de las bombas concentrado en lágrimas, que se esconden, que no quieren salir por el ruido de rabia que mana del oxígeno. El odio viene de la repetición, la piedad viene de la anécdota. El odio es una palabra de pobres como esperanza, ahorro, mañana. El odio es una chispa, una flor que germina, crece y muere en una misma fotosíntesis. Se amamanta a los niños, se entierra a los viejos. Dejémonos el violín. Dejémonos la ropa en el cajón cursi de los sastres y saquemos a pasear los alfileres. Hace falta el olvido del estómago para no ulcerar los ojos. El odio observa el vértigo de la economía, siempre vuelve, con forma de policía. Podemos seguir andando -correr ya no gana carreras- y cuando pensemos que es mejor no pensarlo tendremos una legión de niños mudos a los que dar palabras para evitarles lenguaje. Los niños, acaban preguntando por la vida. Su vida y no el excremento de egoísmo que les dimos para darnos, el capricho vanidoso de las experiencias maravillosas. El odio germina hasta debajo de los besos.

martes, 19 de julio de 2011

EL AHORA

"Siempre" está compuesto de "Ahoras"
Emily Dickinson

Ahora que todas las habitaciones han perdido la importancia las hormigas vuelven a su sitio. En esta mitad del centro la tibieza general crece como un tronco que partirá el primer viento. Se barrunta dolor vegetal por los sentimientos, el dolor natural sin remedio de las muertes. Ahora la risa puede más que las tersuras, la emoción más que los dientes y los líquidos (ay) por el sumidero de un pezón que machaca el tiempo con su maza de sueños. Ahora que nunca es ya, que siempre es vamos y nada es venga. Ahora que la incertidumbre es un abrazo, un ánimo para quemar el viento nuclear de lo posible. Ahora, hacia la fusión general del abrazo sin conocimiento, del querer a destiempo, del tocar por tocar. Ahora que los ojos penetran y los penes contemplan a las niñas regando mimosamente los jardines. Ahora que tengo silencio para todo el mundo y sólo un sonido para Ella. Ahora que todo está fuera de sitio, como si nunca hubiera sido antes, ahora estoy dispuesto, serenamente, para el ya, para el vamos, para el siempre. Ahora.

jueves, 14 de julio de 2011

LA MELANCOLÍA

"Yo supe de dolor desde mi infancia..."

La melancolía sin tiempo ni espacio, como salida del oxígeno bacteriano de las horas se hizo presente. No hay manuales para el oxígeno, no hay compañía para el silencio. Nadie visita las tardes solitarias de marzo, no hay besos para la tristeza ingenua de las palabras tristes. La poesía es una niña sin sueño, una saliva besada por la luna, un escote luminoso que agarra la violencia de los sexos. La risa está manoseada por el despertar de las persianas, por la saburra de los relojes. Y la rosa ¿fue rosa la mía? construye piel en los cuellos que me miran sentados sobre el polen de las pestañas. He matado a Whitman, he parido un padre. Y de la burbuja atroz de los cuentos con miedo sacaba la maleta de las lágrimas. Si encontrase mis huellas quemaría el futuro. Yo supe del dolor desde mi todavía.

viernes, 8 de julio de 2011

EL NIÑO



"un todo junto tan sereno
que doy miedo a los niños"
JSP.

(A ella, ñ más entre las eñes)

El niño es la poesía, lo desconocido, lo inquietante. En el niño se concreta la tragedia del tiempo con la carne tibia, diminuta y frágil de las cosas sin lenguaje. El niño es sorpresa, una metáfora de dientes perdidos. Muerto el niño, el niño es lo que importa. El niño tiene la fuerza del ojo y el llanto puro. Rezuma instinto, egoísmo, quebranto. El niño es el chantaje del cariño. Es la deuda de la vida, es el barrote, la muerte proyectada anticipadamente. El niño es una presencia en la sangre, un quemor de tactos, el trepar de la carne por los oídos. El niño es la bomba del vómito agradable. Enseña sin saber mostrando las uñas a las despedidas, el mal concentrado de la distancia. El niño siempre es mi niño, es la solidaridad del dolor limitado. El niño gusta por involuntario. La niñez es lo anterior, el tiempo de la poesía en el hombre, el antilenguaje. Es la importancia del gesto, la súbita alegría de un gusanito, la sugestión del sonido. En el niño todo se apunta y nada se concreta. Es un océano lírico de sugerencias. El niño es un muerto recién nacido, el eslabón perdido de Emilio Botín. El niño es un lastre maravilloso con que las mujeres sacian la biología y los padres la cerveza. Es una ñ enorme, la dosis propia del ridículo, lo insoportable de los demás. El niño alcanza el horizonte. El niño es lo que queda en los adultos. El niño es su chupete.

miércoles, 6 de julio de 2011

EL HOTEL

He perdido los dioses soy un hombre sin templo (E.A)

Porque sólo desnudo se sienten los abrazos noto las ausencias como una inmensidad de frío acumulado. El termómetro marca lo que mi piel muestra pero no siempre se siente lo que se toca. El bullicio de las células borboteando por los cerros del ánimo, para habitar hoteles de aliento hoy, mañana, el todavía ocupado. La caprichosa química jugando al quien es quien de las cosas. Y el viento se lleva el polvo de las noches para secar las ropas tendidas y volver como si nada a los hormigueros del agua. Los insectos, las moscas ruidosas, un periódico, evocando la última pregunta. Paseando el sabor del rictus en la ausencia. Hipando la ansiedad de la cerveza, buscar el humo como el último reducto de la claridad. El ojo risueño de la noche como el jardín con flores del amor. El amor, ese último cuchillo.

viernes, 1 de julio de 2011

EL TRABUCO

"A veces la novedad es lo mismo mirado y visto -este matiz importa- de otra manera y así construir otra forma Cubismo dixit.
La sorpresa, por el contrario es saltereadora. Se presenta con su trabuco y dice: Dónde vas gilipollas?
Entonces re-accionamos y la cara de gilipollas es nuestra". (E.A.)




Mirar diferente es voluntarioso, determinista, como una flor de plástico. La sorpresa es el trabuco. El cubismo viene del columpio sin palas de la memoria. La novedad, Perico, es ojo porque te ve. Podemos mirar el caleidoscopio con los labios, pero solo hay trabuco cuando los labios son el caleidoscopio. Por eso las tardes, que más me dan a mi las tardes, si las cosas decentes ocurren a partir de la oscuridad que es el color del alma. Siendo tan verano como cualquiera mis noches apenas tienen alma porque apenas tienen tiempo. Tener apenas un insomnio que prolonga la febril fatiga de los mecanismos al aire. Hablas del cubismo como una alegría y no. Lo que quiero es encontrarme El Guernica en un parque, darle una hostia al caballo y cortarle la lágrima a la bombilla como si fuera un filete de ternera. Qué mirar. A qué niño muerto. La podredumbre se huele con los ojos cerrados desde que el mundo es fango. Lo que quiero es trabuco, sorpresa, novedad. Llámalo dolor sano, como quieras. Lo que quiero es poder decir quédate, lo siento, mírame. Perdona.