martes, 31 de julio de 2012

EL HUMO

"Yo soy todavía los etcéteras".
Charles Bukowski

Escúpeme. Hay veces que el sol no es más que luz, que el tiempo es un ay, quizá mañana. A veces la palabra se traba en las cerdas del sueño, en lo esperado, hasta mañana y pásame la fruta. Palabras nacidas como el césped, emociones tibias para los autobuses. Ni una canción para convocar nostalgias, solo una planicie, un helado para comer el ya veremos. Lames mi oreja con tu tos de barro. Queda la cicatriz del año tantos, como una caries, como el poema, como los restos. Y en ese jardín de posos de carmín, a veces se llora, a veces se canta, a veces se bebe. La serenidad duele –también la caricia ahoga, prolongada- y nos repetimos los sémenes para soñar más compañía. Sabes que la televisión no llora nunca, que la gente oculta su mismo de siempre, que tu nada se precipita miserable por el desagüe de la noche. Oigo el humo expectante, la nube de grillos que se traga la tierra. Las noticias llegan desde mujeres sin labios, porque alguien asesinó el último rincón de la saliva.

sábado, 28 de julio de 2012

EL LATIDO

Con las venas llenas, solo sangre. Algo atrae la atención de los latidos y pide su lugar insomne. La piel dura como una pérdida finge en su mirada. Los ojos como un latido. El codo es una mano abierta. Las abiertas cerradas de lo nunca. Y las palabras manchan el sonido con su blancura tímida, con la íntima resignación del silencio. Tras el carmín dibujado en el espejo la piel se eriza. Tócame aquí, hazme esto y el cuello se espalda con su tirón de nunca. Provoca el silencio. Sólo la palabra toca y pienso que en el allá profundo hay un labio. Una saliva que manosea mis pasos. Sigues siendo púrpura como la luz de los ojos por la noche.

miércoles, 18 de julio de 2012

EL HOSPITAL

El hospital es lo que nos va quedando de Alemania.

sábado, 14 de julio de 2012

viernes, 13 de julio de 2012

EL AGUJERO

Ahora el agujero eres tú. Tendrás que navegar para amansar la podredumbre. Tendremos que cuidar las mañanas, quemar con mimo, hacer de la violencia algo decente. Se aproxima el desnudo. Es la oquedad resultante del vacío. Habrá que inyectarle instantes a las cuerdas. Buscar la sombra de los árboles apartando los cadáveres. No olvidemos la piel y su memoria. No puedo mirar a los niños. 

sábado, 7 de julio de 2012

EL OJO

La vida se mide en el peso de los ojos.  La risa es un ojo, el pecho un ojo terso, la cadera su espalda. El ojo tiene manos que arrastran sacos de tristeza. Tiene piernas para caminar la vista cansada de las tardes. El hombre es un ojúnculo que planea atardeceres que eviten el alba, pero los párpados cerrados no evitan la masacre. El ojo es la pestaña quemada, caída, arrancada -la estética-, ay. El ojo está lubricado como una adolescencia. Muerde, besa, se viste de carmín. Ronronea como un gato a los silencios que se miran. El ojo vive solo, dice basta cuando llora, nunca cuando calla. El ojo es el residuo que nos queda del niño. La inocencia, el caramelo chupado, el mamá-papá que nos mima. El ojo es la semilla del amor, la trampa de la vida, el caos fatal del tiempo detenido. El ojo corta a la navaja. Es la mano fundida de las parejas al pasear, el famélico esqueleto de los ancianos. Es la angustia, la culpa, el cinismo. El ojo se da asco a sí mismo. El universo parte de un ojo concentrado. Nadie conoce la materia oscura de su beso. El ojo tiene muslos sonámbulos donde viven los líquidos. El ojo se abre al sueño, busca el remanso aplazado de los parques en brisa. Es el cansancio continuo de la soledad máxima. El ojo llora, y me está pasando.  


jueves, 5 de julio de 2012

ELLA

Ahora dicen –ay, los dermatólogos- que la piel tiene memoria. A veces las palabras te rebosan e imagino al silencio delatando mis cinismos. Ya no sé como soñarte. No sé cómo adentrarme en el misterio del repudio. El tajo seco de la ce corta el tacto de la sed. La vida es sangre, asomando su desdén. Eres mi mejor egoísmo. A veces le digo siempre a la nada para que nadie nos entienda. Allí, en el dónde más sincero, el ojo existe. Obliguemos al hueco a romper su abrazo cansado. Creemos un lenguaje que silencie las palabras. Si viene, le diremos a la alegría que sólo el dolor conmueve mientras sorbo tus mejillas caminantes. Eres mi soy.